domingo 15 de enero de 2012

Bilbao

No he viajado lo que se dice precisamente mucho, pero en ninguna de las ciudades en las que he estado he tenido la sensación de que estaba en casa. Y no es casa como se contempla Albacete, si no en un hogar de verdad.
Bilbao es mágica, oscura, yo diría que incluso extraña, siento como si escondiera un gran tesoro que debo descubrir. Siento que tengo que volver, siento que puedo tener un futuro entre sus calles, entre sus gentes.
Quizás se pueda decir que he idealizado esa ciudad porque no me encuentro bien en la mía, porque aquí no tengo un sitio, porque aquí no soy nadie, pero sea lo que sea, me he enganchado a esa ciudad como una puta droga. Deseo saber toda la historia que esconde, descubrir todos los rincones, todos los sitios a los que ir, todos los corazones que explorar. En serio, bastó sólo una mirada para sentirme a salvo. Para sentirme alguien.
Claro que me ha devuelto la fé de la que hablaba, las ganas. Las ganas de irme de esta puta ciudad, de este puto ambiente. Porque ahora sé que nací en el sitio equivocado, ahora sé que es ese el problema. Lo siento, lo siento dentro. Y como ahora sé las causas, sé lo que tengo que hacer. Sé que debo salir de aquí. Sé que mi casa está en otro sitio. Sé que mi lugar está en otro sitio. Más concretamente a unos 700 km de aquí.
Estoy enamorada de Bilbao.
Lo supe cuando llegué a casa y no pude evitar llorar de tristeza.

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