El dolor habla, se comunica, tiene vida propia. Nos acompaña cuando no vemos más allá de la nada, del vacío. Nos acompaña cuando creemos que no saldremos adelante, que no olvidaremos, que las cosas no se arreglarán o que no volveremos a sentirnos como antes. Y es que creemos irracionalmente que nunca sentiremos algo tan fuerte, tan grande, tan vivo. Nos convencemos de que seremos tan desgraciados que no volveremos a sentir ilusión por nada, que lo que vendrá, no será ni por asomo mejor.
Nos equivocamos.
Y el dolor aún está ahí, da igual lo que hagamos, da igual como nos comportemos. Al final del día aparece y tenemos que combatir con él, o dejarle que una noche más duerma a nuestro lado.
Dormir abrazado a la almohada no es casualidad.
Y es que nos sentimos mucho menos frágiles cuando el dolor habla, cuando la rabia fluye por nosotros y embiste contra todo aquello que nos provoca daño, que hace que nos sintamos tristes.
Autodefensa, porque al final, y a pesar de la autodestrucción hay algo más que se queda con nosotros, algo más a parte del dolor y la rabia : nosotros mismos.
Nos queremos, y nos queremos muchísimo, a pesar de hacernos daño, a pesar de lanzarnos al vacío sabiendo que nos golpearemos, por eso seguimos en pie, por eso seguimos moviéndonos, por eso volvemos a tener en algún momento de nuestras vidas ilusión, esperanza. Por eso, a pesar de los malos días, aún somos capaces de sonreir.
Al final, no estamos tan solos....

y espero que siempre SIEMRPE te quieras tanto...:) yo al menos no dejaré de quererte:P
ResponderSuprimir