Aún no puedo comprender por qué le tenemos tanto apego a aquello que no podemos tener, por qué nos obsesionamos tanto, por qué pensamos que nuestra vida sería mejor si esa persona estuviera en ella, estuviera conforme quieres que esté en cada momento, porque por supuesto cada momento es diferente, por supuesto en cada momento, somos diferentes. Pero no todas las personas varían como nosotros, no todas las personas cambian a nuestro ritmo. Ahí radica la mayoría de mis problemas, por mis cambios, por mi inadaptación en general. Por los momentos en los que necesito de forma imperiosa algo que no puedo tener, simplemente por el gozo de conseguir lo imposible, por la autoestima, porque he sido capaz de conseguir algo que jamás pensé que podría conseguir.
Pero, ¿qué ocurre cuando se cubren las necesidades?, ¿o qué ocurre, por ejemplo, cuando por fin estamos al lado de esa persona? Ya no es lo mismo, el atractivo de lo imposible se pierde entre prejuicios, cambios, inseguridades y miedos, la mayoría de las veces es por los miedos. Sabemos que nada es eterno, que nada ni nadie permanecerá ahí de forma infinita. Hay un fin, hay un limite, hay una meta. Y ahí se acaba todo, es entonces cuando debemos elegir qué hacer: traspasar la línea o intentar conseguir otro objetivo, porque al final se trata de eso, ¿no? de no quedarnos parados, de no fallecer en el final, si no ir más allá, en todo momento, en toda circunstancia. Buscar algo más. Encontrar algo más, algo más de lo que hay. Debe haber algo más de lo que ven nuestros ojos. Esa es mi esperanza. Mi debilidad y mi fortaleza. De eso vivo. Por eso muero.

Te sientes muy cómoda en la oscuridad...quizá demasiado.
ResponderSuprimir